Saurópsidos (reptiles) insulares
Se considera a los saurópsidos insulares a aquellos saurópsidos descendientes de una especie continental o insular que llegó a una isla por medio de un objeto flotante. Los saurópsidos insulares más representativos son los lagartos. Muchos viven en y bajo de la madera de deriva que es barrida por el mar y transportada a orillas distantes. Algunas salamanquesas ponen huevos tolerantes a la sal, son pegajosos tras la puesta y se adhieren a superficies una vez secos. El principal problema para un saurópsido que llega a una isla es la ausencia de un segundo miembro de su especie. Muchas veces llega un individuo a través de un tronco o una balsa, pero es un fenómeno raro y en casi todos los casos no llega un segundo miembro de la especie mientras el individuo principal sigue vivo. Sin embargo, algunos gecos son partenogenéticos, y no se necesita a los machos para la reproducción. Algunas lagartijas del género Cnemidophorus partenogenéticas necesitan ser cortejadas por otras hembras para ovular. Las aves tienen menos dificultades para llegar a las islas por su facultad de volar, aunque algunas, al tiempo de establecerse en las islas, pierden la capacidad de volar. Los saurópsidos insulares se caracterizan por ser enanos o gigantes: los jaraguas, la boa enana de Cuba o el colibrí abeja presentan casos de enanismo, mientras que el dragón de Komodo, la tortuga gigante de las Galápagos, el escinco gigante de Salomón, el lagarto gigante de el Hierro o el extinto moa son gigantes para lo normal en su grupo.





