Historia del gato negro (I)
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En los países europeos, el gato negro está marcado por una antigua superstición que proviene de la Edad Media. La superstición se mantiene firme y el sólo hecho de ver un gato negro continúa siendo, en la actualidad, temido como un mal presagio.
Mitos y leyendas se deslizan por ese pasillo negro y, lamentablemente, el pobre gato ha sido la víctima principal de tanta supertischería de índole mortuoria. Tomado por “la encarnación del Diablo” el gato negro ha padecido por la ignorancia de los seres humanos.
Pero, para algunos, el gato negro dio un salto interesante: de mártir a héroe. La enorme variedad en la raza europea de gatos domésticos, que se ha multiplicado, podríamos decir que es un fenómeno reciente ya que se ha generado apenas hace una centena de años.
Paradójicamente, el gato negro europeo está considado como un gato portador de alegría y felicidad por los británicos. Este es un gato de un negro bien intenso y con unos ojos medio anaranjados o cobrizos.
En sus orígenes, el gato era un felino salvaje y por eso era tan perseguido en la Edad Media. La inquisición y la Iglesia armaron cruzadas en contra de estos animalitos, asociándolos con brujas que, a su vez, también eran víctimas de la persecución al igual que los gatos.
A partir de entonces, se comenzó a hablar de los gatos negros como símbolo demoníaco. El gato negro simbolizaba el mundo de las tinieblas que alejaba al buen cristiano de su camino. Simbolizaba la encarnación misma de Satán y si algún adepto poseía un gato negro aparecía como un “adorador de Lucifer“.
Vía | Terra Nova





