BULLMASTIFF
País de origen: Gran Bretaña.
Historia: El Bullmastiff es un perfecto guardián. También ha trabajado bien como ayudante de policía (en Alemania, durante la segunda guerra mundial). Con una buena disciplina puede ser un entrañable perro de familia. En el transcurso del siglo XIX algunos criadores se dedicaron a buscar un perro tan temible como el Mastín inglés (Mastiff), pero más ágil y combativo, con el fin de defender las haciendas de los grandes propietarios. Para ello cruzaron bulldogs ingleses con estos mastines ingleses, obteniendo así al Bullmastiff tal como es hoy. Se puede hablar de una cría de razas_new puras a partir de 1924. De construcción poderosa y simétrica. Demuestra gran fuerza, aunque su apariencia no es pesada. Es un perro robusto y activo.
Carácter: Es brioso, alerta y fiel.
Pelaje: Es corto y duro al tacto. Protege al animal de las condiciones climáticas. Es liso y pegado al cuerpo.
Colores: Cualquier tono atigrado, leonado o rojo; el color debe ser puro y claro.
Talla y pesos: La altura es de 63,5 a 68,5 cm en los machos y de 61 a 66 cm en las hembras. El peso en los machos es de 50 a 59 kg y en las hembras de 41 a 50 kg.






Historia
Oficialmente, la raza Bullmastiff procede del Reino Unido y si bien existen referencias anteriores de perros de porte similar en Gran Bretaña, aunque no con este nombre, lo cierto es que no es reconocida por el Kennel Club británico hasta 1924.
Sin embargo, ya por el s. XV y XVI hubo en la Península Ibérica unos perros de características muy similares al Bullmastiff moderno, llamados genéricamente “Perros de Toros”. Se dice incluso que en el ajuar de la futura esposa de Enrique VIII, Catalina de Aragón, se incluyeron varios de estos fieros animales dado que espectáculos tan sangrientos como las peleas de perros contra toda clase de alimañas feroces, eran bien apreciadas a éste y al otro lado del Canal de la Mancha en la época.
Luego, cuando las peleas de perros con toros, osos y otras bestias cayeron en desuso, en España y en el vecino Portugal los perros quedaron sin ocupación, desapareciendo en su mayoría, pero en Inglaterra se les buscaron alternativas. De ahí que a principios del s. XVIII los Guardabosques ingleses empezaran a seleccionar un nuevo tipo de perro que llamaron “Gamekeeper’s Night Dog” (Perro de noche del Guardabosques) proveniente del cruce más o menos selectivo de los descendientes de esas estirpes de valientes y son esos lo que se considera están en el origen del Bullmastiff, y han que conservado sin demasiadas variaciones el carácter y el tipo que procuraron los Guardabosques.
Aspecto
Cuando hablamos de Bullmastiffs hablamos de perros de gran tamaño y volumen, que vienen a pesar, de adultos, unos 60 kilos en el caso de los machos y unos 45 kilos las hembras.
No obstante, lo que más llama la atención es –siempre— su extraordinaria cabeza, compacta, cuadrada, enorme, adornada por un ancho y también cuadrado morro negro y que se apoya en un cuello potente, que a su vez se asienta sobre un pecho ancho e igualmente potente. Todo ello nos habla de la extraordinaria fuerza de este animal.
Pero el Bullmastiff es, además, un animal dotado de un cuerpo de aspecto relativamente cuadrado, asimismo muy compacto y unas patas anteriores fornidas, potentes, paralelas entre sí y otras, las posteriores, de fuerte pierna y angulaciones moderadas que terminan con unos pies fuertes y redondos (pie de gato). La cola es relativamente larga pues alcanza el corvejón, muy ancha en su base aunque luego se estrecha algo hacia la punta; una cola que le sirve de timón para controlar los movimientos y el empuje de todo el cuerpo cuando se ve en la necesidad de apoyarse sobre el cuarto posterior y abalanzarse sobre su enemigo, para derribarlo e inmovilizarlo.
Caracter
Justamente porque en el pasado el Bullmastiff fue utilizado en Inglaterra como guardián de los grandes cotos privados de caza, con el propósito de perseguir y apresar a los furtivos, lo que hacían derribándoles con su cuerpo y echándoseles encima para inmovilizarlos completamente, sin usar más que su fuerza bruta pero jamás su potente boca, es por lo que todavía hoy la raza conserva intacta esa característica, que es una de las más apreciadas y la que mejor le distingue y separa del resto de los grandes molosos. No en vano el Bullmastiff sabe medir perfectamente su fuerza y nunca ataca, a priori, para hacer sangre.
Ello tiene su justificación en el hecho de que históricamente ha convivido bajo el mismo techo que sus guías, los Guardabosques, quienes conscientes de la importancia de afianzar ese rasgo de su carácter y tamizar su anterior fiereza, optaron hace más de tres siglos por introducirlos en sus casas y compartir el calor del hogar y el ambiente familiar con ellos, cuando no estaban trabajando. En esos ratos de asueto, sus “Night Dog” estaban con los hijos, con la esposa y con el amo, disfrutando de un rato de descanso y tranquilidad, jugueteando con los niños en vez de ser relegados a la zona en la que se guarecían el resto de perros y de animales domésticos o al exterior.
Así, poco a poco, tamizado el carácter antes fiero y agresivo del expedito perro de toro, el Guardabosques sentó los principios de lo que hoy es un animal eminentemente familiar, que adora a los niños y que se adapta perfectamente a todo tipo de ambientes (ciudad o campo), pero que para dar lo mejor de sí mismo necesita, siempre, sentirse parte de la familia y no ser relegado al mero rol de perro de guarda, ajeno a lo que realmente “se cuece” en el seno del hogar. Sólo así desarrollará completamente su excepcional instinto de protección hacia los suyos.
El Bullmastiff es un perro muy potente y seguro de sí mismo, dos características que le vienen transmitidas generación tras generación, y como tal hará poro alarde de su poderío físico (¿para qué?), evitando al máximo la confrontación con terceros. Pero es además un guardián inteligente, discreto, eficaz y con enorme capacidad de discriminación; poco ladrador, sumamente casero, que se adapta fenomenalmente bien a la vida en piso y en ciudad y que tiene especial predilección por el orden en todas las cosas.
Uno de los rasgos más llamativos y simpáticos de este gigantesco bonachón, es que adora (y necesita) sentirse mimado y querido, tanto como sentirse respetado y no cejará en el intento de llamar la atención del dueño para buscar una caricia, a base de no tan sutiles empujones con el enorme morro bajo el brazo, como si de alguna manera tratara de guiar la mano hacia su lomo o su pecho para recibir el tan deseado mimo.